(Narra
Louis)
Lo
conseguí por fin.
Después
de un par de días recibiendo la visita del tan maravilloso hombre,
una tarde sucedió. Por fin.
Vino
como siempre, con la bandeja llena de comida y me la dio. Se iba
alejando cuando lo llamé:
-Espera!
-¿Qué?
-¿Alguna
vez te has enamorado?
Observé
que no se esperaba aquella pregunta y se sonrojó y bajó la cabeza
-Parece
que sí
Se
acercó a mí y se sentó a mi lado
-Chico,
el amor es muy duro. Yo ya lo tuve hace muchos años y ya no creo en
nada
-Era
una chica muy especial, ¿verdad?
-Ya
ves si lo era. Tenía el pelo largo, rizado, castaño claro y unos
preciosos ojos verdes que me miraban y yo me derretía ante ellos
Aquella
descripción me recordaba a alguien...
-Pero
las cosas empeoraron por mi culpa y ella se fue. Me dejó una simple
nota, en la que no venían los motivos aunque yo los sabía
perfectamente. Hasta ahora, no he sabido nada de ella
Yo
seguía pensando a quién me recordaba esa descripción hasta que una
sombra se deslizó por el pasillo.
Era
una chica esbelta, delgada con un vestido blanco ajustado que rozaba
el suelo con delicadeza y su pelo caía en él como un manto de oro.
Sus rizos se movían sin cesar, describiendo una danza perfecta. Ella
tenía unas gafas negras de sol enormes que le cubrían prácticamente
la cara por completo. Pasó por la puerta mientras me miraba
bajándose las gafas. Sonrió y se fue.
-¿Qué
miras?
Se
giró justo cuando ella desapareció
-Nada
nada, oye, ¿sigues de verdad queriendo encontrar a esa chica?
-Con
todo mi ser, pero no se ni por dónde empezar...
-Yo
tengo una idea
(Narra
Helen)
Estaba
en pleno centro de Londres comprando con unas amigas cuando un dolor
increíble apareció en mi estómago.
Yo
me detuve y rugí. Me senté en un banco y respiré hondo, hasta que
se fue calmando.
Mis
amigas me miraban con cara de preocupación, preguntándome si me
encontraba bien y yo les decía que no tenían porqué preocuparse.
Pero
cuando avanzábamos, me dejaron atrás y ellas empezaron a cuchichear
cosas mientras se giraban, me miraban, y se reían.
¿Qué
cojones les pasaba? ¿Tenía monos en la cara o qué?
Decidí
irme de allí ya que estaban insoportables. Les pegaría a cada una
una buena torta.
*Minutos después*
Estaba
en la puerta de la casa cogiendo las llaves y otra vez ese dolor me
saludó maleducadamente acompañado encima de náuseas.
Las
llaves se me cayeron y me agaché para cogerlas mientras aguantaba la
presión que tenía en mi garganta que deseaba salir. Por fin las
alcancé y recorrí la casa. En milésimas de segundo ya estaba en el
baño echando por la boca una sustancia medio espesa, medio líquida.
Alcé
la cabeza y contemplé mi rostro. Estaba pálida, más de lo que yo
lo era y tenía ojeras. Miré a mi alrededor y vi en mi bolso un
paquete de compresas nuevo.
Se
me cayó el cielo en los pies.
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