28 de junio de 2013

CAPÍTULO 35

(Narra Katy)

-No, mierda por aquí no es...Uf...

Un potente foco de luz apareció y vi mejor la escena. Estaba rodeada de muertos.

Me entró un pánico terrible y quería salir corriendo pero algo me lo impedía, me mantenía a estar allí. Entonces respiré hondo para intentar calmarme y pensar. ¿Qué hacía yo aquí y cómo había llegado? Caí en la conclusión de que aquellas preguntas ahora mismo no importaban porque puede que esté en peligro. Me recorrí la sala en busca de algo útil y vi algo que no me esperaba allí.

“Abby Jones, accidente”

Era un gran cajón de metal cerrado, es decir, donde se enterraban a los muertos. Mis piernas empezaron a flaquear y un peso cayó encima mía. ¿Es posible que estuviera allí? ¿La vería por primera vez, aunque sea muerta?

No creo que me agrade mucho. Prefiero quedarme con el recuerdo tan bonito que me dieron las chicas sobre ella, imaginármela yo por mi cuenta, creando a una chica fabulosa, tal y como era.

Pero la intriga me comía y sin saber lo que hacía, abrí el cajón.

Me desperté jadeando con el corazón palpitándome con mucha fuerza y parecía que se me iba a salir del pecho. Miré alrededor. No me encontraba en aquella sala, si no en mi propia habitación. Me extrañé mucho pues, si era cierto lo que me acababa de pasar, tenía que buscar un final. Pero también cabía una posibilidad de que me lo hubiera inventado. ¿Quería eso decir, que yo estaba loca? ¿O era una señal de alguien?

Descarté la última opción porque me parecía irreal, ¿cómo alguien iba a contactar conmigo, y además para qué?

Mi cabeza iba a estallar con tantas preguntas sin resolver. Encontré a mi estómago muerto de hambre y decidí bajar a comer algo.

(Narra Louis)

Un fuerte dolor de cabeza vino a mi mente y esa fue la causante de que me despertara y no en cualquier sitio. Abrí los ojos lentamente mientras me iba levantando muy forzosamente. Lo observaba todo preguntándome dónde carajos estaba. No entendía nada de lo que estaba pasando ni de dónde me encontraba.

Entonces, entró un hombre alto y flacucho portando una bandeja con un vaso de leche y galletas.

Lo posó en la mesilla de noche de la derecha y se fue sin decir nada cerrando la puerta de metal blindada con llave.

Seguía sin entender y aquello no me había dado ninguna respuesta, pero con el estómago vacío uno no puede pensar, así que me puse manos a la obra.

(Narra Martha)

Cuando bajé las escaleras me encontré a Katy desayunando.

Era habitual que cuando alguien bajara, ella sonreía alegremente y le decía eh! ¿Qué tal? ¿Has dormido bien? Siempre muy agradable y dulce.

Pero esa mañana no fue así. Si no que yo llegué y no le podía distinguir la cara por que tenía los pelos cubriéndola. Me agaché para intentar mirarla pero nada.

-Buenos días-intenté

Ella alzó la vista y me miró con cara pálida

-¿Qué te pasa?

Entonces me preocupé porque cayó al suelo desplomándose bruscamente.

(Narra Louis)

-¿Porqué estás investigando esto?
-¿Investigando el qué?
-YA LO SABES. NO ME ANDES CON RODEOS NIÑATO

¡PLAC!

-AAAH!
-¿QUE ESTÁS BUSCANDO?
-NO LO SÉ
-AAH!
-DILO
-NO SÉ QUE ME DI...AH! PARA POR FAVOR
-Pues dime porqué crees que estás aquí

Miré a ese hombre que me había traído la comida que parecía inofensivo y ahora me estaba dando latigazos en la espalda

-¿Me he metido donde no me tenía que meter?
-Exacto

¿Qué? ¿Que había metido la mano demasiado al fondo? ¿Pero...dónde? ¿Qué había hecho?

-Mañana vendré aquí otra vez, ya sabes lo que te espera si no me dices lo que quiero

-Pero..!

Se cerró la puerta

(Narra Katy)

Y el dolor paró. Mientras desayunaba tranquila, un dolor empezó a invadir mi pecho de tal forma que no lo podía soportar. Me daba pinchazos fuertes al corazón, como si estuviera sufriendo. Pero, si eso fuera así, no tendría sentido porque simplemente me estaba tomando una taza de café y que yo supiera eso no hace sufrir.

Luego vino Martha y el dolor seguía ahí y me quedé petrificada porque si me movía el más mínimo milímetro, me dolía más así que me quedaba quieta.

Hasta que el dolor cesó y me desmayé.

21 de junio de 2013

CAPÍTULO 34

(Narra Martha)

Estaba destrozada.  No quería comentar nada de lo sucedido con nadie, ni si quiera con las chicas ni con Liam. Quería estar sola. Me quedé en la cama más de una semana sin comer apenas nada. Me daba un poco de pena por Seryf, que se preocupaba por mí y me subía comida, pero yo no la aceptaba.

Yo soy la que más relación tenía con Abby. Habíamos sido inseparables, mejores amigas sin dudar una de la otra. Este palo tan tremendo me había afectado a mí más que a Helen, que también, lo pasó mal, pero no tanto como yo porque su relación no era tan unida ya que Helen se unió después al grupo.

Lo recuerdo todo perfectamente. 

Yo estaba en clase de historia, cuando la señorita propone que hagamos un trabajo por parejas de los diferentes dictadores. Yo no tenía muchos amigos, prácticamente en mi clase ninguno, por lo que a la hora de hacer un trabajo, para mí era una pesadilla. La profesora me señaló y me dijo que iría con una chica del fondo que en ese momento se estaba arreglando el pelo, aunque lo tenía perfecto. Ella estaba distraída y la profesora se lo explicó de nuevo. Me miró y luego bajó la vista. Al tocar el timbre, ella se me acercó y me dijo:

-Hola, mira si vamos a hacer un trabajo juntas, más vale que nos llevemos bien, no?
-Sí, claro
-Soy Abby, encantada-dijo dándome la mano
-Martha-una sonrisa apareció en mis labios

(Narra Trini)

Que ambiente más raro había en la casa. Todos con caras largas y evitándonos una a la otra, para evitar que nos veamos llorando. Solo salíamos de nuestra habitación para lo esencial, comer, salir a comprar comida, ducharse... y poco más porque en nuestras habitaciones estaba prácticamente todo.

Este fue el ambiente durante una semana en la casa


(Narra Louis)

Estoy preocupadísimo por las chicas, no paro de pensar en ellas, cómo se estarán sintiendo ahora mismo... El que peor lo esta pasando de los cinco es Liam. El pobre, le envía correos, mensajes, llamadas, de todo a Martha pero no le contesta a ninguno. Teme de que le pase algo, pero no podemos ir porque nos han prohibido que volvamos a ir a la casa de las chicas, al menos por un tiempo.

Liam esta en otro mundo, estamos grabando, a él le toca cantar y está en el limbo y no contesta.

Esto no podía seguir así,  yo no puedo trabajar pensando en ellas y estando preocupado.

Decidí hacer una gran locura.

Cuando llegamos a casa después de la grabación,  me encerré en mi cuarto y esperé a que cayera la noche. Actué normal, para disimular y que no se dieran cuenta los chicos de lo que iba a hacer. No me lo permitirían, conociéndoles.

Cené con normalidad y me hice el longi aunque en mi mente, yo estaba en otro mundo.

Entonces, por fin llegó el momento. La noche. Me vestí de negro y me puse unas medias de color también negras en la cara. Aunque no se porqué me puse eso, pero como en todas las películas americanas se lo ponen cuando van a salir de noche... Total, que salí a la calle de Londres en plena madrugada.

Me puse en marcha hacia el garaje y metí las llaves en la ranura correspondiente. Luego, dirigí el coche hacia mi destino, hasta donde quería ir. No sé si podré entrar pero yo lo voy a intentar porque vengo preparado. Aparqué el coche y me bajé. Como yo me esperaba, estaban todas las luces apagadas. Me acerqué y saqué mis utensilios necesarios para abrir la puerta. 

¡Clack!

La puerta se abrió con delicadeza. Me interné por los pasillos oscuros.

No sabía a dónde me dirigía.  Recorría pasillos, girando a la izquierda, luego subiendo escaleras sin saber mi rumbo. Me paré un momento a pensar. ¿Dónde estaría ...? Caí en la cuenta de que tenía una linterna, así que iluminé el amplio e infinito pasillo y vi un cartel que ponía mi destino. Giré hacia la derecha y llegué al final del pasillo. Allí había una puerta por la que me colé.

Más o menos es como yo me esperaba. Vacío,  oscuro, silencioso. Es mejor no describir cómo me sentía al estar rodeados de muertos, precisamente, no era aquel el mejor momento de mi vida.


(Narra Martha)

Aquella noche volví a soñar con Abby, pero este sueño fue de los más raros que he tenido jamás. Visualicé como recogía los pasajes con esa maravillosa sonrisa que tenía, la vi deslizándose por los pasillos del aeropuerto con su gran maleta roja. Ella iba feliz, inocente de lo que le iba a suceder unos instantes después.  Quería gritarle que se fuera, que se marchase a casa y que no suba al avión, pero no podía.

La vi cómo dejó su maleta en las cintas y se internó en unos pasillos que la llevaban al avión.  Una vez pasó el ticket, ya no había vuelta atrás. Le chillé a más no poder pero era absurdo porque ella no me escuchaba. La vi llegar al avión y a la azafata recibiendo los tickets. No, no, Abby sal de ahí.  Se me hizo un nudo en la garganta y sin darme cuenta empecé a llorar. Me quería despertar de aquella pesadilla, pero no podía alejarme de ella. La vi deslizarse por el pasillo y sentarse en la fila numero 10. Lo veía todo tan claro y preciso y fue entonces cuando ella se giró, me miró a los ojos y me dijo “socorro”. Todo empezó a nublarse rápidamente y me desperté de golpe.

(Narra Louis)

Al fin la encontré  “Abby Jones, accidente” Abrí el gigantesco cajón y me encontré una sorpresa. No había nadie allí.

Me llevé las manos a la cabeza y empecé a recorrerme toda la sala de arriba a bajo sin parar de susurrar “qué significa todo esto, qué significa” Entonces tomé el control de mis nervios y me puse a pensar. Si el cuerpo de Abby no esta allí,  quería decir que seguía viva en alguna parte. Eso me dio algo de esperanza, pero pensé que el mundo era muy grande. A saber dónde estará.

Pero ahora lo primero de todo era salir de allí sin que me viera nadie. Agarré la linterna con fuerza y salí de aquella sala. Seguí las instrucciones que había en aquel tanatorio y salí por la puerta principal. Di un suspiro de alivio.

-Uf menos mal que he conseguido salir de aquí

Sentí algo metálico rozando mi cabeza

-Quieto, y no te muevas

Alguien me puso algo en la cara, yo me resistí,  pero no pude aguantar más y caí dormido.

(Narra Martha)

-Martha...Martha...Martha...ayúdame, te necesito

Una voz siniestra no paraba de susurrar en mi cabeza. En cuanto paró, me desperté de un brinco. ¿Qué era aquella voz? ¿De quién era? ¿Cómo es que estaba sonando en mi cabeza? Y es más, ¿quién necesitaría ayuda?

Un lío de preguntas surgieron en mi mente sin responder. Para despejarme, me levanté y me hice el desayuno. No se me ocurrió en ningún momento poner las noticias. No se habían puesto desde lo sucedido y otra vez ese maldito nudo en la garganta volvió a aparecer y me dije a mi misma `Martha cálmate , respiré hondo y se me fue pasando. Mientras comía,  la voz de mis sueños volvió a aparecer:

-Martha...ven

Seguí la intensidad de la voz, guiándome por lo que sentía y escuchaba. Esa voz me condujo por la escalera, hasta llegar a la última planta. La voz se chocó con la puerta del desván, que la abrí sin miedo alguno. Estaba igual que antes, con las cajas de los colchones, trastos, muebles y...

Hacía ya tiempo que no iba a aquel cuarto, no por nada, si no que no hacía nada allí, sólo había chismes y suciedad que limpiar y eso me ponía mala. Pero esta visita era diferente. Había sido llevada por mi instinto hacia aquel lugar lo cual debía de significar algo y pronto encontré la respuesta.

Sin saber qué hacía, me tumbé en la cama que había allí y cerré los ojos. Recuerdos y momentos me vinieron sin cesar a la mente. De Seryf, yo, Helen y...Abby. Era ella a la que más veía de las tres. Su sonrisa que relucía en la oscuridad que siempre te la podías encontrar en su cara. Su pelo, incluso pude oler por última vez el olor de su pelo. Esto lo que produjo fue que, una vez más, se me empezaran a humedecer lo ojos. Pero, por primera vez pude controlarlo, no dejé que ni una gota rodase de nuevo por mi mejilla, no ahora. No era el momento para ponerse a llorar, no acordándome de esta forma de ella.

Entonces abrí los ojos y me encontré una gran sorpresa. Distinguí una foto que estaba pegada con fiso en el techo. Me levanté a cogerla y la examiné mientras me volvía a sentar. Ahí estábamos, las cuatro juntas con sonrisas espléndidas, felices, contentas y unidas. Quién iba a pensar que teníamos que pasar por esto, quién se iba a imaginar que 'Sham', como se llamaba nuestro grupo, desaparecería. Ya no habría ningún Sham, si no que sería Shm, algo sin sentido. Como la misma palabra lo demuestra. Sin ella nada tiene sentido.


Besé la foto por última vez y me la metí en el bolsillo. Salí de aquella habitación, dejando muchos recuerdos.

13 de junio de 2013

CAPÍTULO 33

Noté como la crema me caía por la mano suave y deslizante. Me la restregué por las manos uniformemente y las extendí.  Las bajé hasta llegar a tocarla y ponerme en contacto con su abrasadora piel. Repartía lo mejor que podía la crema por su espalda, dando a la vez ligeros e intensos masajes. A ella parecían gustarles porque cada vez que daba en un punto sensible ella se estremecía de placer. Daba la sensación de que no quería que acabase nunca. Entonces ascendí hasta su cuello y lo rodé con mis manos. Suavemente fui bajando hasta llegar a los hombros y ahí hacerle un pequeño masaje y una vez más se estremeció. Puse mi dedo en su columna vertebral y la recorrí provocando en ella un escalofrío.

Decidí parar y entonces ella me dijo sin mirarme:

-Harry, sigue

Sin pensarlo dos veces me volví a echar crema pero antes de que le pudiera volver a tocar, oímos una voz procedente de la tienda.

-HARRY, SERYF!-era Louis gritando
-Creo que nos llaman-dije

Fin del masaje caluroso.

(Narra Katy)

Empezamos a recoger las cosas y ni rastro de Seryf y Harry. Al principio Zayn tampoco aparecía,  pero luego vino y se excusó de que se fue a un bar a refrescarse de esa ola de calor que hacía allí  Sabía perfectamente que no sabía nadar.

Entonces, viendo que no aparecían les llamamos y al rato vienen los dos juntos. Sospechoso.

A la hora de irse en coche, nos repartimos como quisimos: Liam, Martha, Zayn, Helen y Seryf en la furgoneta de los chicos conduciendo Liam, y en el coche de las chicas, yo, Louis (aunque no me senté a su lado porque seguía enfadada con él), Zayn, conduciendo, María y Harry. Decidí sentarme al lado de éste último.

Llegamos a casa y dejamos las cosas por medio. Seryf subió a su habitación y descubrió a Niall y Trini durmiendo abrazados. No los quiso molestar y salió de allí.  Yo tenía envidia de ella, porque está con la persona quien quiere. Yo ni si quiera lo sé.

Dejando esos pensamientos, me fui a ducharme al igual que el resto lo hicieron. Ya todos duchados, planeamos que los chicos se quedasen de nuevo a dormir. Liam y Martha estaban de acuerdo y por lo visto los demás también, aunque a mí no me hacía mucha gracia. Vaya a ser que se me cuele otro payaso en mi habitación.

Seryf, como siempre, hizo la cena, que por cierto siempre le salía todo delicioso. Nos sentamos a comer en la mesa y pusimos las noticias.

Estábamos comiendo nuestros espaguetis en silencio cuando oigo algo que me llamó bastante la atención y que jamás olvidaría.

<<Sentimos informales de las noticias de última hora. Un avión destino Londres procedente de Málaga,  se ha estrellado al sufrir una avería interna que produjo que cayera en picado. Se desconoce la cifra exacta, pero más de 100 muertos y muchos más heridos han resultado de esta catástrofe.  Pero lo que más nos llama la atención,  es que una joven de 19 años ha muerto durante este trágico accidente. Se llamaba Abby Jones y venía a Londres para reunirse con sus queridos. Sentimos mucho esta gran perdida...>>

Mi cuerpo no podía reaccionar ante aquello, mi mirada se perdió en la pantalla mirando más allá de ese cadáver sin vida cubierto con una sábana blanca. Me perdí entre aquellos humos y explosiones que causaban dolor en mi interior. Aquella mirada la cubrí inconscientemente para evitar derramar lo inevitable.

Al escuchar aquello me temía lo peor, no quería ni imaginarme lo que podría haber pasado, pero era imposible ignorar todos aquellos pensamientos que me venían.  Mis piernas se convirtieron en gelatina, mi temperatura corporal disminuyó dos grados y lo peor de todo, es que sentí como si una gigantesca pelota de plomo cayese sin remedio encima de mi cabeza, recorriendo todo mi cuerpo, destrozándolo por dentro. Simplemente me acababa de pasar aquello.

Cuando volví a abrir lo ojos después de que me cayesen dos gotas, me giré para ver la reacción de mis amigos. Helen tenía las manos en la cara y apreciaba como sus ojos llorosos no paraban de brillar, Seryf no obtuvo respuesta a aquello, se quedó totalmente seria y petrificada. Martha en cambio, estaba totalmente agachada en la silla con la cara entre las piernas sollozando, a Trini y María se les hizo un nudo en la garganta que les impidió hablar. Los chicos en cambio, como no sabían quién era Abby, no la conocían de nada, se limitaron a permanecer serios aunque con los ojos llorosos.

Todos nos imaginábamos lo peor, por un simple momento pensábamos que eso no podría ser, ella no era la que estaba debajo de aquella sábana blanca, ella no se había ido y volvería  claro que volvería. No se quedaría en el cielo para siempre. Teníamos esa esperanza, creíamos que esto era un sueño, que nada era real. Pero lo era y más que real. Sabíamos perfectamente lo que pasaba y no había más vuelta de hoja. Había pasado aquello y punto.

Me levanté de la mesa tambaleando y Niall, que estaba más próximo de mí,  me ayudó a levantarme. Le dije que se apartara, no quería tener nadie cerca. Subí y me encerré en mi habitación aunque creo que todos me imitaron porque se oyeron unos portazos seguidos de otros.

Los chicos decidieron irse porque ahora no era momento para estar allí,  era mejor marcharse y así lo hicieron. Por lo menos yo no quería en este momento a nadie a mi lado. Quería echarlo todo, desahogarme,  llorar y llorar hasta que ya no me quedasen más lágrimas y llorar en seco, que dicen que duele más.

Abby para mi era una muy buena chica, cariñosa, simpática,  alegre y maravillosa. Yo solo la conocía de los chats, nunca la había visto en persona y soñaba con verla. Pero nada más pensar que aquello nunca se podría hacer realidad, no por otra cosa si no porque ella ya no está aquí, no está en nuestro nivel, ella ha ascendido.

Si yo estaba así,  que la conocía de poco tiempo, no me quiero imaginar como lo estarán pasando Helen, Seryf y Martha. Esos recuerdos con ella se quedarán en sus memorias para siempre ya que nunca se volverán a repetir.


Esa chica rubia, esa chica de la pantalla, esa 'Abby' lejana que conocíamos,  esas anécdotas que nos contaban las chicas de ellas, de los mejores momentos que habían pasado juntas. Aquellos ojos que miraban con interés e ilusión.  Pensar que esos ojos ahora se habían desvanecido, habían perdido esa luz característica que los hacía preciosos. Que aquella chica ilusionada y alegre, se había convertido en un recuerdo, pero no en un simple recuerdo, de estos que te marcan la vida para siempre. De los que nunca olvidarás.

Hasta que cada uno de nuestros corazones deje de funcionar, Abby estará presente con nosotras, en un pequeño trozo de cada una que en conjunto, forman a un ángel. Un ángel que brillará hasta el fin de los días.


7 de junio de 2013

CAPÍTULO 32

(Narra Trini)

Niall y yo decidimos quedarnos en casa y pasar el día o viendo la tele, durmiendo y hablando y conociéndonos mejor.

Empezamos a jugar a decir verdades de nosotros, cosas que nos arrepentimos de haber echo y cosas de ese estilo.

-Dime, ¿con cuantas te has acostado?-le pregunté

Desvió la mirada y la llevó al techo. ¿Tanto tendría que pensar? ¿Con tantas se había acostado?

-Unas 3
-Vaya
-¿Y tú?
-Soy virgen

Se me vinieron recuerdos horribles a la mente. Al momento intente borrarlos y me concentre en el momento.

-¿Tu primer beso?-preguntó un Niall furioso

Le alcé una ceja. El se rió

-8 años
-Yo 11
-No está mal
-Sí con quién lo hice
-Eso ya esta hecho, olvídalo

Entonces se acercó a mí y yo me iba echando para atrás. Sin darme cuenta que estaba al filo de la cama, me caí de espaldas. No me imaginé para nada la reacción que tuvo Niall. No se rió  si no que se levantó como un rayo y me ayudó a levantarme.

-Gracias-le dije poniéndome bien la ropa
-Eso te pasa por esquivarme-me agarró de la cintura-ahora no te podrás caer

Le rodee los brazos por el cuello mirándolo fijamente y le besé


(Narra Abby)

Como todos los días regresaba de la escuela a las tres de la tarde. Llegaba, le daba dos besos a mi madre y comía  Después me metía en la habitación y me cambiaba de ropa. Me quitaba los vaqueros y me ponía unos pantalones cortos de deporte, las rodilleras y mis tenis. En la parte de arriba, me ponía la camiseta oficial de mi club que ponía  `Club Voleibol Málaga . Practicaba voley casi todos los días dos horas. Realmente disfrutaba jugando, me desahogaba y además era bastante buena. Me abrochaba la chaqueta (a juego con la camiseta) y me colocaba la mochila con una botella de agua y otro pantalón largo por si luego hacia frío.  Salía de mi casa y hacía un paseo de unos 15 minutos andando hasta llegar al pabellón donde daba clases. Abría la puerta y me encontraba con unos pasillos, bajaba unas escaleras, giraba a la derecha y salía a la cancha. Estaba dividida en dos grandes campos. En la parte derecha estaban lo de Kárate y al fondo, estaban los de voley. Las dos canchas estaban separadas por un gran telón que llegaba hasta el infinito techo. Tan alto no deberá de ser porque en mis inicios, le pegué al balón tan fuerte, que pasó el telón y cayó en el otro campo, dándole a uno de Kárate en la cabeza.

Llegaba y soltaba mis cosas, me desabrochaba la chaqueta y miraba hacia la grada. No sé porqué lo hacía, tal vez para recordar algunos de los momentos inolvidables que había pasado cuando me visitaban mis amigas Martha, Helen y Seryf. Como las echaba de menos.

Me colocaba bien las rodilleras y saludaba a las chicas con dos besos. Luego, me dirigía a mi entrenador, Nacho y también le saludaba.

-Buenas Naxo! (Él se llama Nacho pero al parecer parece que le gusta que le llamen Naxo)
-Hola Abby! ¿Cómo va esa rodilla?

Hace unas semanas me hice daño en la rodilla, perdiéndome un importantísimo torneo. Yo quería ir, pero él me lo impidió rotundamente:

-Abby estás lesionada no voy a permitir que juegues en esas condiciones. Lo único que harás será hacerte más daño y que te tengan que operar la rodilla y nunca más podrás jugar

Estas palabras ( nunca más podrás jugar ) me cautivaron y decidí no participar, aunque seguía teniendo las mismas ganas.

-Va estupenda!
-Muy bien! Me alegro! Fiuuuuu!-pitó- ¡VAMOS CHICAS! ¡A CALENTAR!

Después del calentamiento (que era bastante duro) practicábamos las posiciones ya que yo hago voley pista y al parecer son muy exigentes con eso.

No solía fallar, las cogía todas, me tiraba si era necesario y remataba también.  Pero aquel día,  aquel día se me cruzaron los cables y no daba ni una. Ni una pelota que yo tocaba pasaba la red, y si no la tocaba yo, caía al suelo.

Total, que estaba bloqueada y Naxo decidió que me tomara un descanso. Estaba enfadadísima conmigo misma. De veras que quería hacerlo bien pero no sabía qué me pasaba. Mirando a las chicas y desvié la mirada hacia mi entrenador. Naxo medía 1,90 era moreno de piel y el pelo suave y liso le caía en la cara de una forma increíble  Estaba bastante cachas. Un momento, ¿que hago yo mirándole cuando debería de estar atenta al juego? Removí la cabeza y me concentré o eso intenté. Entonces me llamó para que entrara y seguí un poco mejor el resto del entrenamiento.

Salí de allí tan tranquila, andando por la calle. No andé mucho cuando oí alguien gritando mi nombre:

-ABBY! ABBY!

Me giré preocupada y descubrí que era Naxo y venía corriendo hacia mí.

-¿Qué pasa Naxo?
-Toma, es que te dejaste la chaqueta allí dijo entregándomela.  Nos miramos y por un momento nuestras manos se rozaron. Sentí un escalofrío recorriendo mi cuerpo y estremeciéndome. ¿Qué era aquella sensación?  Era completamente nueva para mi

-Gracias, muy atento
-De nada, nos vemos mañana Abby

Me sonrió  se giró y se fue. Se me quedó una sonrisa en la boca, reaccioné y me dirigí a casa oliendo la chaqueta, con su olor.