(Narra Louis)
No entiendo para nada a
las mujeres, intento abrirme hacia ellas y salen corriendo, huyendo
de mi llorando. Me quedé petrificado en el sitio viendo como corría,
y me senté en un parque pensando.
Decidí coger un taxi y
regresar a casa. Entonces el taxista, preocupado por la expresión de
mi cara me preguntó:
-¿Problemas amorosos,
jovencito?
Dudé un momento antes
de responder
-Así es, le abrí mi
corazón y salió corriendo, llorando
-¿Estás seguro que
ella lo sabe?
-Eso creo, pero podría
ser... que pensase que no me refería a eso-pausa-pero, ¿qué podría
pensar?
-¿Hay otra chica por
medio?
-Ahora que lo pienso,
Eleanor vino y me abrazó y cuando dije aquellas palabras
horribles... ella echó a correr, como lo hizo antes
-Ahí está la clave
chico-me quedé pensando- ¿a dónde quería que le llevase?
-A...a la calle High
Hall porfavor
(Narra Katy)
Recogí los tickets y
me subí al tren. Me senté en un asiento doble ya que los demás
estaban todos ocupados.
Estaba leyendo una
revista que compré antes de subirme y tenía las piernas cruzadas
por lo que un pie daba al pasillo. Y entonces noté un choque en ese
mismo pie y sin mirar arriba me disculpé y seguí leyendo.
Pero notaba su
presencia ahí quieta e inmóvil y podía sentir que me estaba
mirando y entonces decidí mirarle yo también.
Algo recorrió mi
cuerpo, algo familiar vino a mi mente. Le conocía, claro que le
conocía. Había pasado tanto tiempo desde entonces que ya no me
acordaba de él.
Cuando era pequeña
vivía en un pueblo alejado de la gran ciudad. Nuestras casas estaban
juntas y nuestras familias muy unidas hasta que me mudé a la ciudad.
Desde entonces, habrían pasado más de seis años y ahora, me lo
encontraba tras todo ese tiempo en un tren de Londres.
-¿Katy?
Me quedé mirándole,
su pelo, sus labios, sus ojos... era él sin ninguna duda
-Jake, ¿eres tú?
-El mismo
-Después de tanto
tiempo...
-Ya ves, nos
encontramos aquí
Se produjo una pequeña
pausa. Era extraño porque los dos parecíamos nerviosos.
-¿Me puedo sentar
aquí?-preguntó
-Sí, claro
-Bueno y cuéntame,
¿qué tal?
-Pues muy bien-mentí-he
venido aquí de intercambio ya que he sacado muy buenas notas este
curso
-Me alegro muchísimo,
de verdad
-¿Y tú qué haces
aquí?
-Lo mismo que tú
-Vaya vaya
-Y dime ¿qué tal vas
con los chicos?
Muy oportuno para
preguntar eso ahora
-Oh, por la expresión
de tus ojos veo que nada bien-acertó
-Se está muy bien
soltera-dije haciendo una V con los dedos y sonriendo
Me miró
-Tu siempre igual de
alegre, no has cambiado en ese sentido ya que te has vuelto toda una
mujercita
Me ruboricé. Siempre
igual, le odiaba porque me hacía sentir así
-Y tú siempre igual,
jugando a los detectives, no hay nada que se te escape
-Bueno tampoco soy tan
bueno-dijo mientras se rascaba el pelo y sonriendo, siempre lo hacía,
desde pequeño y sentí...¿nostalgia? ¿tristeza por los buenos
tiempos que fueron aquellos?
-Oye,¿quieres tomar
algo en mi casa?
Me merecía pasar un
buen rato después de lo que había pasado, así que, acepté.
(Narra Martha)
Click, click, click
Así estuve toda la
tarde, clickeando mi ratón, aburridísima e intentando despejarme de
mis pensamientos. Pensé que si estaba en el ordenador, mi mente
dejaría de pensar en ella pero no era así.
Me estaba empezando a
preocupar un poco porque no paraba y la veía todo el tiempo. Creo que me estoy
volviendo loca.
Y entonces, al fin,
después de tanto tiempo, llegó.
En la casa estaban
María, Trini y Seryf y os preguntaréis dónde estará Helen.
Cuando se enteró de
que estaba embarazada, cogió una gran depresión y se puso muy loca
y la tuvimos que llevar a un hospital. El médico confirmó su
embarazo y ella se puso más histérica aún por lo que el médico
dijo que lo mejor para ella ahora era entrar en una residencia. Allí
le darían pastillas para su ansiedad y estaría bien y a salvo,
mejor que aquí seguro.
Yo estaba en el
ordenador, María viendo la tele, Trini pintándose las uñas y Seryf
haciendo de comer. Todas tranquilas a lo suyo cuando tocan el timbre.
Yo me levanté y fui
tranquila a abrir, imaginando que fuera un simple vendedor de seguros
que viene a tu casa todos los días y preparada para cerrarle la
puerta en la cara. Qué pesados podían llegar a ser.
Pero no, eran tres
personas, un chico bastante alto, me atrevería a decir más que
Seryf incluso. Una chica de unos 8 años muy guapa, parecía una
muñeca de lo mona que era. Y luego había una chica inconfundible.
Su pelo, sus ojos, su sonrisa...era Abby.
Enseguida mis ojos se
inundaron y mi cara hizo una expresión que ni yo misma podía
controlar. Era tal mi emoción que me quedé paralizada, sin respirar
si quiera. Hasta que ella dijo:
-Hola Martha
Se acercó a mi y me
abrazó con todas sus fuerzas. Yo, desesperada también la abracé lo
más fuerte que pude y las dos nos quedamos allí en la puerta,
llorando y abrazándonos. Poco a poco el dolor iba desvaneciéndose,
e iba llegando a mi corazón otro sentimiento que no había
experimentado hace tiempo. Alegría.
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