23 de agosto de 2013

CAPÍTULO 43

(Narra Louis)

No entiendo para nada a las mujeres, intento abrirme hacia ellas y salen corriendo, huyendo de mi llorando. Me quedé petrificado en el sitio viendo como corría, y me senté en un parque pensando.

Decidí coger un taxi y regresar a casa. Entonces el taxista, preocupado por la expresión de mi cara me preguntó:

-¿Problemas amorosos, jovencito?

Dudé un momento antes de responder

-Así es, le abrí mi corazón y salió corriendo, llorando
-¿Estás seguro que ella lo sabe?
-Eso creo, pero podría ser... que pensase que no me refería a eso-pausa-pero, ¿qué podría pensar?
-¿Hay otra chica por medio?
-Ahora que lo pienso, Eleanor vino y me abrazó y cuando dije aquellas palabras horribles... ella echó a correr, como lo hizo antes
-Ahí está la clave chico-me quedé pensando- ¿a dónde quería que le llevase?
-A...a la calle High Hall porfavor

(Narra Katy)

Recogí los tickets y me subí al tren. Me senté en un asiento doble ya que los demás estaban todos ocupados.

Estaba leyendo una revista que compré antes de subirme y tenía las piernas cruzadas por lo que un pie daba al pasillo. Y entonces noté un choque en ese mismo pie y sin mirar arriba me disculpé y seguí leyendo.

Pero notaba su presencia ahí quieta e inmóvil y podía sentir que me estaba mirando y entonces decidí mirarle yo también.

Algo recorrió mi cuerpo, algo familiar vino a mi mente. Le conocía, claro que le conocía. Había pasado tanto tiempo desde entonces que ya no me acordaba de él.

Cuando era pequeña vivía en un pueblo alejado de la gran ciudad. Nuestras casas estaban juntas y nuestras familias muy unidas hasta que me mudé a la ciudad. Desde entonces, habrían pasado más de seis años y ahora, me lo encontraba tras todo ese tiempo en un tren de Londres.

-¿Katy?

Me quedé mirándole, su pelo, sus labios, sus ojos... era él sin ninguna duda

-Jake, ¿eres tú?
-El mismo
-Después de tanto tiempo...
-Ya ves, nos encontramos aquí

Se produjo una pequeña pausa. Era extraño porque los dos parecíamos nerviosos.

-¿Me puedo sentar aquí?-preguntó
-Sí, claro
-Bueno y cuéntame, ¿qué tal?
-Pues muy bien-mentí-he venido aquí de intercambio ya que he sacado muy buenas notas este curso
-Me alegro muchísimo, de verdad
-¿Y tú qué haces aquí?
-Lo mismo que tú
-Vaya vaya
-Y dime ¿qué tal vas con los chicos?

Muy oportuno para preguntar eso ahora

-Oh, por la expresión de tus ojos veo que nada bien-acertó
-Se está muy bien soltera-dije haciendo una V con los dedos y sonriendo

Me miró

-Tu siempre igual de alegre, no has cambiado en ese sentido ya que te has vuelto toda una mujercita

Me ruboricé. Siempre igual, le odiaba porque me hacía sentir así

-Y tú siempre igual, jugando a los detectives, no hay nada que se te escape
-Bueno tampoco soy tan bueno-dijo mientras se rascaba el pelo y sonriendo, siempre lo hacía, desde pequeño y sentí...¿nostalgia? ¿tristeza por los buenos tiempos que fueron aquellos?

-Oye,¿quieres tomar algo en mi casa?

Me merecía pasar un buen rato después de lo que había pasado, así que, acepté.

(Narra Martha)

Click, click, click

Así estuve toda la tarde, clickeando mi ratón, aburridísima e intentando despejarme de mis pensamientos. Pensé que si estaba en el ordenador, mi mente dejaría de pensar en ella pero no era así.

Me estaba empezando a preocupar un poco porque no paraba y la veía todo el tiempo. Creo que me estoy volviendo loca.

Y entonces, al fin, después de tanto tiempo, llegó.

En la casa estaban María, Trini y Seryf y os preguntaréis dónde estará Helen.

Cuando se enteró de que estaba embarazada, cogió una gran depresión y se puso muy loca y la tuvimos que llevar a un hospital. El médico confirmó su embarazo y ella se puso más histérica aún por lo que el médico dijo que lo mejor para ella ahora era entrar en una residencia. Allí le darían pastillas para su ansiedad y estaría bien y a salvo, mejor que aquí seguro.

Yo estaba en el ordenador, María viendo la tele, Trini pintándose las uñas y Seryf haciendo de comer. Todas tranquilas a lo suyo cuando tocan el timbre.

Yo me levanté y fui tranquila a abrir, imaginando que fuera un simple vendedor de seguros que viene a tu casa todos los días y preparada para cerrarle la puerta en la cara. Qué pesados podían llegar a ser.

Pero no, eran tres personas, un chico bastante alto, me atrevería a decir más que Seryf incluso. Una chica de unos 8 años muy guapa, parecía una muñeca de lo mona que era. Y luego había una chica inconfundible. Su pelo, sus ojos, su sonrisa...era Abby.

Enseguida mis ojos se inundaron y mi cara hizo una expresión que ni yo misma podía controlar. Era tal mi emoción que me quedé paralizada, sin respirar si quiera. Hasta que ella dijo:

-Hola Martha

Se acercó a mi y me abrazó con todas sus fuerzas. Yo, desesperada también la abracé lo más fuerte que pude y las dos nos quedamos allí en la puerta, llorando y abrazándonos. Poco a poco el dolor iba desvaneciéndose, e iba llegando a mi corazón otro sentimiento que no había experimentado hace tiempo. Alegría.


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