21 de junio de 2013

CAPÍTULO 34

(Narra Martha)

Estaba destrozada.  No quería comentar nada de lo sucedido con nadie, ni si quiera con las chicas ni con Liam. Quería estar sola. Me quedé en la cama más de una semana sin comer apenas nada. Me daba un poco de pena por Seryf, que se preocupaba por mí y me subía comida, pero yo no la aceptaba.

Yo soy la que más relación tenía con Abby. Habíamos sido inseparables, mejores amigas sin dudar una de la otra. Este palo tan tremendo me había afectado a mí más que a Helen, que también, lo pasó mal, pero no tanto como yo porque su relación no era tan unida ya que Helen se unió después al grupo.

Lo recuerdo todo perfectamente. 

Yo estaba en clase de historia, cuando la señorita propone que hagamos un trabajo por parejas de los diferentes dictadores. Yo no tenía muchos amigos, prácticamente en mi clase ninguno, por lo que a la hora de hacer un trabajo, para mí era una pesadilla. La profesora me señaló y me dijo que iría con una chica del fondo que en ese momento se estaba arreglando el pelo, aunque lo tenía perfecto. Ella estaba distraída y la profesora se lo explicó de nuevo. Me miró y luego bajó la vista. Al tocar el timbre, ella se me acercó y me dijo:

-Hola, mira si vamos a hacer un trabajo juntas, más vale que nos llevemos bien, no?
-Sí, claro
-Soy Abby, encantada-dijo dándome la mano
-Martha-una sonrisa apareció en mis labios

(Narra Trini)

Que ambiente más raro había en la casa. Todos con caras largas y evitándonos una a la otra, para evitar que nos veamos llorando. Solo salíamos de nuestra habitación para lo esencial, comer, salir a comprar comida, ducharse... y poco más porque en nuestras habitaciones estaba prácticamente todo.

Este fue el ambiente durante una semana en la casa


(Narra Louis)

Estoy preocupadísimo por las chicas, no paro de pensar en ellas, cómo se estarán sintiendo ahora mismo... El que peor lo esta pasando de los cinco es Liam. El pobre, le envía correos, mensajes, llamadas, de todo a Martha pero no le contesta a ninguno. Teme de que le pase algo, pero no podemos ir porque nos han prohibido que volvamos a ir a la casa de las chicas, al menos por un tiempo.

Liam esta en otro mundo, estamos grabando, a él le toca cantar y está en el limbo y no contesta.

Esto no podía seguir así,  yo no puedo trabajar pensando en ellas y estando preocupado.

Decidí hacer una gran locura.

Cuando llegamos a casa después de la grabación,  me encerré en mi cuarto y esperé a que cayera la noche. Actué normal, para disimular y que no se dieran cuenta los chicos de lo que iba a hacer. No me lo permitirían, conociéndoles.

Cené con normalidad y me hice el longi aunque en mi mente, yo estaba en otro mundo.

Entonces, por fin llegó el momento. La noche. Me vestí de negro y me puse unas medias de color también negras en la cara. Aunque no se porqué me puse eso, pero como en todas las películas americanas se lo ponen cuando van a salir de noche... Total, que salí a la calle de Londres en plena madrugada.

Me puse en marcha hacia el garaje y metí las llaves en la ranura correspondiente. Luego, dirigí el coche hacia mi destino, hasta donde quería ir. No sé si podré entrar pero yo lo voy a intentar porque vengo preparado. Aparqué el coche y me bajé. Como yo me esperaba, estaban todas las luces apagadas. Me acerqué y saqué mis utensilios necesarios para abrir la puerta. 

¡Clack!

La puerta se abrió con delicadeza. Me interné por los pasillos oscuros.

No sabía a dónde me dirigía.  Recorría pasillos, girando a la izquierda, luego subiendo escaleras sin saber mi rumbo. Me paré un momento a pensar. ¿Dónde estaría ...? Caí en la cuenta de que tenía una linterna, así que iluminé el amplio e infinito pasillo y vi un cartel que ponía mi destino. Giré hacia la derecha y llegué al final del pasillo. Allí había una puerta por la que me colé.

Más o menos es como yo me esperaba. Vacío,  oscuro, silencioso. Es mejor no describir cómo me sentía al estar rodeados de muertos, precisamente, no era aquel el mejor momento de mi vida.


(Narra Martha)

Aquella noche volví a soñar con Abby, pero este sueño fue de los más raros que he tenido jamás. Visualicé como recogía los pasajes con esa maravillosa sonrisa que tenía, la vi deslizándose por los pasillos del aeropuerto con su gran maleta roja. Ella iba feliz, inocente de lo que le iba a suceder unos instantes después.  Quería gritarle que se fuera, que se marchase a casa y que no suba al avión, pero no podía.

La vi cómo dejó su maleta en las cintas y se internó en unos pasillos que la llevaban al avión.  Una vez pasó el ticket, ya no había vuelta atrás. Le chillé a más no poder pero era absurdo porque ella no me escuchaba. La vi llegar al avión y a la azafata recibiendo los tickets. No, no, Abby sal de ahí.  Se me hizo un nudo en la garganta y sin darme cuenta empecé a llorar. Me quería despertar de aquella pesadilla, pero no podía alejarme de ella. La vi deslizarse por el pasillo y sentarse en la fila numero 10. Lo veía todo tan claro y preciso y fue entonces cuando ella se giró, me miró a los ojos y me dijo “socorro”. Todo empezó a nublarse rápidamente y me desperté de golpe.

(Narra Louis)

Al fin la encontré  “Abby Jones, accidente” Abrí el gigantesco cajón y me encontré una sorpresa. No había nadie allí.

Me llevé las manos a la cabeza y empecé a recorrerme toda la sala de arriba a bajo sin parar de susurrar “qué significa todo esto, qué significa” Entonces tomé el control de mis nervios y me puse a pensar. Si el cuerpo de Abby no esta allí,  quería decir que seguía viva en alguna parte. Eso me dio algo de esperanza, pero pensé que el mundo era muy grande. A saber dónde estará.

Pero ahora lo primero de todo era salir de allí sin que me viera nadie. Agarré la linterna con fuerza y salí de aquella sala. Seguí las instrucciones que había en aquel tanatorio y salí por la puerta principal. Di un suspiro de alivio.

-Uf menos mal que he conseguido salir de aquí

Sentí algo metálico rozando mi cabeza

-Quieto, y no te muevas

Alguien me puso algo en la cara, yo me resistí,  pero no pude aguantar más y caí dormido.

(Narra Martha)

-Martha...Martha...Martha...ayúdame, te necesito

Una voz siniestra no paraba de susurrar en mi cabeza. En cuanto paró, me desperté de un brinco. ¿Qué era aquella voz? ¿De quién era? ¿Cómo es que estaba sonando en mi cabeza? Y es más, ¿quién necesitaría ayuda?

Un lío de preguntas surgieron en mi mente sin responder. Para despejarme, me levanté y me hice el desayuno. No se me ocurrió en ningún momento poner las noticias. No se habían puesto desde lo sucedido y otra vez ese maldito nudo en la garganta volvió a aparecer y me dije a mi misma `Martha cálmate , respiré hondo y se me fue pasando. Mientras comía,  la voz de mis sueños volvió a aparecer:

-Martha...ven

Seguí la intensidad de la voz, guiándome por lo que sentía y escuchaba. Esa voz me condujo por la escalera, hasta llegar a la última planta. La voz se chocó con la puerta del desván, que la abrí sin miedo alguno. Estaba igual que antes, con las cajas de los colchones, trastos, muebles y...

Hacía ya tiempo que no iba a aquel cuarto, no por nada, si no que no hacía nada allí, sólo había chismes y suciedad que limpiar y eso me ponía mala. Pero esta visita era diferente. Había sido llevada por mi instinto hacia aquel lugar lo cual debía de significar algo y pronto encontré la respuesta.

Sin saber qué hacía, me tumbé en la cama que había allí y cerré los ojos. Recuerdos y momentos me vinieron sin cesar a la mente. De Seryf, yo, Helen y...Abby. Era ella a la que más veía de las tres. Su sonrisa que relucía en la oscuridad que siempre te la podías encontrar en su cara. Su pelo, incluso pude oler por última vez el olor de su pelo. Esto lo que produjo fue que, una vez más, se me empezaran a humedecer lo ojos. Pero, por primera vez pude controlarlo, no dejé que ni una gota rodase de nuevo por mi mejilla, no ahora. No era el momento para ponerse a llorar, no acordándome de esta forma de ella.

Entonces abrí los ojos y me encontré una gran sorpresa. Distinguí una foto que estaba pegada con fiso en el techo. Me levanté a cogerla y la examiné mientras me volvía a sentar. Ahí estábamos, las cuatro juntas con sonrisas espléndidas, felices, contentas y unidas. Quién iba a pensar que teníamos que pasar por esto, quién se iba a imaginar que 'Sham', como se llamaba nuestro grupo, desaparecería. Ya no habría ningún Sham, si no que sería Shm, algo sin sentido. Como la misma palabra lo demuestra. Sin ella nada tiene sentido.


Besé la foto por última vez y me la metí en el bolsillo. Salí de aquella habitación, dejando muchos recuerdos.

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